No sigas las huellas de los antiguos. Busca lo que ellos buscaron. (Haiku de Matsuo Bashoo)
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jueves, 7 de noviembre de 2013

Clase del 6/11/2013

SANTO TOMÁS DE AQUINO

Muy interesante la clase. Pasaron muchas cosas: leímos otro fragmento de El nombre de la rosa para ilustrar las discusiones escolásticas, Ariel nos contó sobre las pruebas de Santo Tomás de la existencia de Dios, llegamos a la conclusión de que Santo Tomás se plegó a la razón, no por conveniencia, sino por convencimiento, Fernando se volvió a dormir en clase... Raúl me sugirió que eso lo escribiera en el blog... jajaja.

La clase que viene es la última clase teórica del curso. Sé que muchos de ustedes no piensan venir porque tienen parcial al otro día... Bueno, prometí que para quienes vengan, voy a hacer un resumen TAN PERO TAN CLARO Y SENCILLO  de la tercera parte del libro de Le Goff, que con la clase ya les alcanzará para responder las preguntas 7 y 8 (que, a propósito, ya están subidas al EVA)... ¿Les tienta venir? Ojalá que sí...

Y para dejarlos con algo de literatura, encontré en un blog de una congregación religiosa un fragmento de una novela de G.K. Chesterton sobre la vida de Santo Tomás de Aquino. El fragmento, que transcribo abajo, no tiene nada que ver con la temática de la educación, pero es una hermosa reflexión de Chesterton sobre un episodio de la vida de Santo Tomás. El lenguaje, además, es hermoso, y es un buen ejemplo de un fragmento de novela histórica; una que yo no conocía para nada...
Ojalá les guste. Hasta el lunes, con la última parte de LeGoff y del curso.

Santo Tomás de Aquino por G. K. Chesterton

Más probablemente la revelación más fiel de lo que fue su vida puede encontrarse en el famoso cuento del milagro del crucifijo, cuando en la soledad de la iglesia de Santo Domingo de Nápoles una voz habló desde el Cristo esculpido y dijo al fraile arrodillado que había escrito bien, y le invitó a escoger una recompensa entre todas las cosas del mundo.

A mi modo de ver, no se ha apreciado el secreto de esta anécdota particular aplicada a este santo particular. Es cosa vieja que a un devoto de la soledad y de la sencillez se le invite a elegir entre los premios de la vida. El eremita verdadero o falso, el fanático o el cínico, el Estilita sobre su columna o Diógenes en su tubo, pueden todos ser presentados como tentados por los poderes de la tierra, del aire o de los cielos, con el ofrecimiento de la mejor de todas las cosas y respondiendo que no quieren nada. En el cínico o estoico griego realmente significaba la negación: que no quería nada. En el fanático o místico oriental a veces significaba una especie de negación positiva: que quería la nada, que la nada era precisamente lo que quería. A veces expresaba una noble independencia junto con las virtudes mellizas de la antigüedad: el amor de la libertad y el odio a la abundancia. A veces significaba la propia suficiencia, que es lo opuesto a la santidad. Mas aún las anécdotas de este género de otros santos no llenan precisamente el caso de Santo Tomás. Él no era uno de ésos que no quieren nada; era una persona muy interesada en todas las cosas. Su respuesta no es tan inevitable o sencilla como algunos podrían suponer. Comparado con muchos otros santos y muchos otros filósofos, él era ávido en su aceptación de las cosas, en su hambre y sed de las cosas. Fue su especial tesis espiritual que realmente hay cosas, y no sólo una; que los muchos existen lo mismo que el uno. No me refiero yo a cosas que comer, beber o vestir, aunque él nunca negó a éstas su lugar propio en la noble jerarquía del ser, sino más bien cosas que pensar y que probar, que experimentar y que conocer. Nadie supone que, cuando Dios ofreció a Tomás de Aquino que escogiese entre todos los dones de Dios, él pediría mil libras, o la corona de Sicilia, o un regalo de añejo vino griego. Mas podía haber pedido cosas que necesitaba, y era un hombre que podía necesitar mucho, como ansiaba el manuscrito perdido de San Juan Crisóstomo. Podía haber pedido la solución de una antigua dificultad, o el secreto de una nueva ciencia, o una chispa de la inconcebible mente angélica de los ángeles, o cualquiera de las mil y una cosas que habrían de veras satisfecho su amplio y varonil apetito, de la misma amplitud y variedad que el Universo. La cuestión es que, para él, cuando la voz habló de entre los brazos abiertos del crucificado, aquellos brazos estaban verdaderamente abiertos y abriendo gloriosamente las puertas de todos los mundos; eran brazos señalando al Oriente y al Poniente, a los fines de la tierra y a los extremos de la misma existencia. Estaban verdaderamente arrojados con un gesto de omnipotente generosidad; el Creador mismo ofreciendo la misma creación, con todo su misterio millonario de seres separados y el coro triunfal de las criaturas. Ése es el fondo resplandeciente del ser múltiple que da particular fortaleza y aun una especie de sorpresa a la respuesta de Santo Tomás, cuando él levantó por fin su rostro y dijo con y por aquella audacia casi blasfema, que es una sola cosa con la humildad de su religión: “Elijo a Vos mismo”.

O, añadiendo a esta anécdota la ironía nímbica y aplastante, tan únicamente cristiana para aquellos que la entienden, algunos creen que la audacia está suavizada porque dijo: “Solamente a Vos mismo”.

(G. K. Chesterton, Santo Tomás de Aquino, Colección Austral, Espasa-Calpe S.A., Madrid, 1985, 11ª edición, pp. 124-126).

jueves, 8 de noviembre de 2012

Clase del 7/11/2012

El Del Maestro de Santo Tomas de Aquino

(O sobre escolasticismo y comunidad de indagación)

Me encantó la clase de hoy (¡espero que a ustedes también!), hubo mucho cuestionamiento, muchas preguntas que tenían respuestas ambiguas y que me hicieron replantearme mis convicciones sobre lo leído de Santo Tomás, además de una mejor forma de explicarlo. Hubo conversaciones entre ustedes mismos, dejándome a un lado, cosa que para la metodología de la comunidad de indagación es una bendición, un resultado óptimo.
Hubo discusiones sobre si la potencia aristotélica ya puede considerarse como "que está allí", en la forma de la pregunta "¿El conocimiento según Santo Tomás, ya que él considera que está en potencia dentro del hombre, puede considerarse que ya está entonces dentro del hombre?" Yo les diría que son preguntas muy interesantes, por ejemplo, para una monografía, aunque, claro, yo personalmente la llamaría una "monografía escolástica" en el sentido peyorativo del término, jajaja. En realidad, esas discusiones tan ricas creo que tienen, más que una finalidad fuera del aula, una finalidad en sí mismas: nos forman como personas que dialogan, que saben que no saben y muchas veces no saben lo que no saben, que se preguntan unos a otros y descubren que no saben, y junto a otros se acercan un poco más a saber, aunque nunca será suficiente. Eso creo que es lo que hicimos hoy especialmente en clase. Y eso es justamente lo que estaría muy bueno que pudieran expresar en el parcial: la problematización de las cuestiones que ha suscitado el curso y que, aunque no tengan respuestas, les hayan dado una nueva perpectiva para pensar las cuestiones actuales sobre educación. Si logramos esto, el principal objetivo del curso se habrá logrado.
Todo esto me hace pensar que la rama del escolasticismo que quedó petrificada y ridiculizada por su fijación en cuestiones de la razón que al incipiente mundo moderno ya no le importarían, eran a pesar de todo un ejercicio necesario de la razón, como lo es hoy la finalidad de las clases de filosofía que la mayoría de los estudiantes de secundaria piensan que "no sirve para nada", o el incipiente uso de la comunidad de indagación en diversos ámbitos de educación en sus tres niveles. Puede que no se llegue a respuestas definitivas, pero el proceso de luchar por conseguir esas respuestas, en diálogo y por medio de la argumentación, ya nos hace mejores que un rato antes de entra a una clase en especial. Para pensarlo, y para reivindicar al escolasticismo, incluso en su rama más anquilosada...

Y para dejarlos con algo de literatura, encontré en un blog de una congregación religiosa un fragmento de una novela de G.K. Chesterton sobre la vida de Santo Tomás de Aquino. El fragmento, que transcribo abajo, no tiene nada que ver con la temática de la educación, pero es una hermosa reflexión de Chesterton sobre un episodio de la vida de Santo Tomás. El lenguaje, además, es hermoso, y es un buen ejemplo de un fragmento de novela histórica. Yo no conocía esta novela de Chesterton, y ahora me pondré en campañan para conseguirla.
Ojalá les guste. Hasta el lunes, con la última parte de LeGoff y del curso.

Santo Tomás de Aquino por G. K. Chesterton

Más probablemente la revelación más fiel de lo que fue su vida puede encontrarse en el famoso cuento del milagro del crucifijo, cuando en la soledad de la iglesia de Santo Domingo de Nápoles una voz habló desde el Cristo esculpido y dijo al fraile arrodillado que había escrito bien, y le invitó a escoger una recompensa entre todas las cosas del mundo.

A mi modo de ver, no se ha apreciado el secreto de esta anécdota particular aplicada a este santo particular. Es cosa vieja que a un devoto de la soledad y de la sencillez se le invite a elegir entre los premios de la vida. El eremita verdadero o falso, el fanático o el cínico, el Estilita sobre su columna o Diógenes en su tubo, pueden todos ser presentados como tentados por los poderes de la tierra, del aire o de los cielos, con el ofrecimiento de la mejor de todas las cosas y respondiendo que no quieren nada. En el cínico o estoico griego realmente significaba la negación: que no quería nada. En el fanático o místico oriental a veces significaba una especie de negación positiva: que quería la nada, que la nada era precisamente lo que quería. A veces expresaba una noble independencia junto con las virtudes mellizas de la antigüedad: el amor de la libertad y el odio a la abundancia. A veces significaba la propia suficiencia, que es lo opuesto a la santidad. Mas aún las anécdotas de este género de otros santos no llenan precisamente el caso de Santo Tomás. Él no era uno de ésos que no quieren nada; era una persona muy interesada en todas las cosas. Su respuesta no es tan inevitable o sencilla como algunos podrían suponer. Comparado con muchos otros santos y muchos otros filósofos, él era ávido en su aceptación de las cosas, en su hambre y sed de las cosas. Fue su especial tesis espiritual que realmente hay cosas, y no sólo una; que los muchos existen lo mismo que el uno. No me refiero yo a cosas que comer, beber o vestir, aunque él nunca negó a éstas su lugar propio en la noble jerarquía del ser, sino más bien cosas que pensar y que probar, que experimentar y que conocer. Nadie supone que, cuando Dios ofreció a Tomás de Aquino que escogiese entre todos los dones de Dios, él pediría mil libras, o la corona de Sicilia, o un regalo de añejo vino griego. Mas podía haber pedido cosas que necesitaba, y era un hombre que podía necesitar mucho, como ansiaba el manuscrito perdido de San Juan Crisóstomo. Podía haber pedido la solución de una antigua dificultad, o el secreto de una nueva ciencia, o una chispa de la inconcebible mente angélica de los ángeles, o cualquiera de las mil y una cosas que habrían de veras satisfecho su amplio y varonil apetito, de la misma amplitud y variedad que el Universo. La cuestión es que, para él, cuando la voz habló de entre los brazos abiertos del crucificado, aquellos brazos estaban verdaderamente abiertos y abriendo gloriosamente las puertas de todos los mundos; eran brazos señalando al Oriente y al Poniente, a los fines de la tierra y a los extremos de la misma existencia. Estaban verdaderamente arrojados con un gesto de omnipotente generosidad; el Creador mismo ofreciendo la misma creación, con todo su misterio millonario de seres separados y el coro triunfal de las criaturas. Ése es el fondo resplandeciente del ser múltiple que da particular fortaleza y aun una especie de sorpresa a la respuesta de Santo Tomás, cuando él levantó por fin su rostro y dijo con y por aquella audacia casi blasfema, que es una sola cosa con la humildad de su religión: “Elijo a Vos mismo”.

O, añadiendo a esta anécdota la ironía nímbica y aplastante, tan únicamente cristiana para aquellos que la entienden, algunos creen que la audacia está suavizada porque dijo: “Solamente a Vos mismo”.

(G. K. Chesterton, Santo Tomás de Aquino, Colección Austral, Espasa-Calpe S.A., Madrid, 1985, 11ª edición, pp. 124-126).

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Último material digitalizado del curso

Gracias a Vanesa (quien se merece un monumento!!) hemos logrado tener todo el material del curso digitalizado.

Los siguientes son los links que faltaban:

Alta Edad Media (Romero): http://www.megaupload.com/?d=MO4P22BV
Baja Edad Media (Romero): http://www.megaupload.com/?d=DEDM6JCF
Las primeras universidades de la Edad Media (Bowen): http://www.megaupload.com/?d=4FAJTRF1
El tomismo (Abbagnano): http://www.megaupload.com/?d=YW4FKJTS

Mil gracias, Vanesa, una vez más, ya que facilitaste el trabajo de muchísimos compañeros que no pueden acceder fácilmente al material en fotocopiadora, especialmente por vivir en el interior.
Con esto queda completa la bibliografía del curso.

Clase del 17/11/2010

Santo Tomás de Aquino

Para la clase de hoy, los remito al material diseñado por mí sobre Santo Tomás y que pueden también solicitarme por email. Para la clase se siguió paso a paso los puntos de ese material.
Respecto al texto de Abbagnano, "El Tomismo", sirve como marco y además de aquí leímos explícitamente las 5 vías para la demostración de la existencia de Dios, como otro ejemplo de la aplicación de los conceptos aristotélicos a la fe cristiana.
Mañana terminaremos con el libro de Le Goff, y terminará también el programa.
Además para mañana están prometidas las preguntas del segundo parcial.
Hasta la última clase de contenido!

martes, 10 de noviembre de 2009

Clase del 9/11/2009

SANTO TOMÁS DE AQUINO

Una clase infinitamente interesante nos dejó el profesor Antonio Romano, en la que pudimos sentir en carne propia la forma en que se trabajaba en las Universidades bajo el método escolástico. ¡No porque fuera una clase aburrida, como hoy día nos referimos a "escolástico"! En realidad, lo que todos los participantes de la clase hicieron en la segunda parte de ésta, leyendo en grupos las "cuestiones" dentro del primer Artículo del Di Magistro, con sus problemas y soluciones, es, justamente, lo que se debatía con el profesor en una clase de las Universidades del siglo XIII. ESA era la manera de funcionar del método escolástico. No en grupos, ciertamente, ya que ese es un método actual, pero sí en disputas lógicas basadas en principios, donde los estudiantes llegarían a las conclusiones, guiados por el maestro.
Pero comencemos por el principio. Estos son los puntos a los que se refirió Romano en su clase antes de entrar a la lectura directa del Di Magistro:

  • Relación entre la secularización del pensamiento debido al florecimiento de la burguesía, y el desarrollo de la razón en las Universidades, que se sitúan en las ciudades o "burgos" (vínculo burgos-burguesía). La razón es el instrumento del libre examen, mientras que bajo una visión puramente eclesiástica, el libre examen no estaba permitido.
  • Necesidad de una sistematización del cristianismo para ponerlo a salvo de los ataques de este libre examen.
  • En la secularización que se viene desarrollando, muchas veces las comunas (poder terrenal) son más poderosas en algunas ciudades, por lo que se estrechan sus relaciones con la Universidad y de esta manera la laicidad intenta tomar el control de las Universidades. Es por eso que si la Iglesia desea mantener consigo a las Universidades debe buscar convencer por medio del instrumento que éstas poco a poco están adoptando: la razón.
  • En este contexto surge Tomás de Aquino. Este buscó conciliar la religión con la razón, y poner la razón al servicio de la teología.
  • Santo Tomás adopta las enseñanzas de Aristóteles (especialmente el Organon y la Metafísica) que de a poco han llegado a Occidente por medio del contacto con el mundo árabe. Pero no es por esto revolucionario, por el contrario, es el intento de la Iglesia por penetrar el nuevo espíritu burgués de la libertad y el libre pensamiento, utilizando sus propias herramientas. De lo contrario, la Iglesia hubiera quedado fuera.
Así llegamos a la lectura directa del Di Magistro, en el que nos concentramos en el Artículo primero, donde se pregunta, al igual que San Agustín, sin un hombre puede enseñar a otro y llamarse "maestro", o sólo Dios.
En este artículo se presentan 18 dificultades, luego de las cuales expone sus contradicciones y soluciones. A través de la lógica argumentativa heredada de Aristóteles, Santo Tomás parte de un principio que nos ha sido dado por Dios (aquí apreciamos la autoridad que es base del escolasticismo, como vimos la clase pasada), y utilizando las reglas de la lógica termina dando una solución y de esa manera coherencia al cuerpo doctrinario. Racionaliza la fe.
Ese método, de aplicar la lógica sobre principios para alcanzar conclusiones es lo que hicieron los participantes de la clase mientras se "devanaban los sesos" tratando de entender las cuestiones, y era la manera de trabajar en las Universidades del siglo XIII: el método escolástico.

Su respuesta a la cuestión del Artículo primero (si un hombre puede enseñar) es la siguiente: sí, un hombre puede enseñar, proque los seres humanos tenemos en nosotros dos cosas que son puestas allí por Dios: los principios que ya están en nosotros (y en esto se asemeja a San Agustín) y la lógica, que es el instrumento que nos dio Dios para poder generar conocimiento nuevo de esos principios. El papel del maestro, entonces, es ayudar al estudiante a desarrollar esa capacidad lógica que ya posee y que fue dada por Dios.

Diferencias con San Agustín:
  • Para San Agustín el conocimiento se daba en un momento misterioso de "Iluminación", que el maestro no podía prever cuándo ni cómo sucedería. Para Santo Tomás, el método es la lógica, y sí es predecible, si se conocen bien sus reglas, por eso la importancia del maestro en su enseñanza.
  • Para San Agustín, en su búsqueda de provocar la Iluminación en el alumno, el método es el diálogo, y de hecho su Di Magistro está escrito en forma de diálogo. Para Santo Tomás, el método es la argumentación lógica, y de esa manera está escrito su Di Magistro, es toda una disputa alrededor de ciertas preguntas sobre el ser maestro.
CONCLUSIONES
  • Santo Tomás es el mayor exponente del escolasticismo. En sus obras deja patente el método.
  • La influencia de Aristóteles en él es evidente en los conceptos utilizados: el conocimiento está en potencia en nosotros, por medio de la lógica lo volvemos en acto; entre los principios brindados por Dios y las conclusiones hay una cadena de causas, que van desde el primer motor (Dios) hasta el conocimiento; su utilización del Organon. Todos estos provenientes de Aristóteles.
  • Logra conciliar la tradición religiosa con la razón.
  • Es más, la razón es para él la prueba de la divinidad en el hombre.
Espero que estos apuntes, más la lectura que ustedes harán del capítulo de Abbagnano, y la lectura del Artículo primero del Di Magistro, les permita tener una idea clara del Tomismo. Comenten, por favor, y hagan preguntas por este medio.

La clase que viene continuaremos con el libro de Le Goff, que habrá sido terminado para el viernes.

¡Hasta la próxima!